martes, 20 de marzo de 2012

Los resultados del análisis

Bueno, ya hemos vuelto del veterinario con nuestro análisis en la mano y un porrón de incertidumbres en la cabeza.
Vayamos por partes: Anselmo (así se llama el veterinario) nos ha explicado perfectamente todos y cada uno de los puntos a tener en cuenta del análisis de Atenea: globulinas, albúminas, anticuerpos contra Leishmania, función renal, etc... Afortunadamente Atenea tiene la función renal impecable y la única pega que presenta son unas Gamma-globulinas absolutamente disparadas que hay que reducir.
La montaña de la derecha es la que nos fastidia. Hay que convertirla en meseta...
Tras la explicación exhaustiva del análisis, nos explica lo de los Leishmanistáticos y los Leishmanicidas, que lejos de ser grupos rivales de una serie de investigación americana, son los dos tipos de medicamento que habrá que aplicar a Atenea.
Leishmanistáticos: detienen el avance del parásito.
Leishmanicidas: eliminan al parásito.
Como Leishmanistático se emplea una medicamento contra la 'gota' humana: Alopurinol, afortunadamente expendido en farmacias a un precio de unos 4€, cosa que se agradece grandemente.
Como Leishmanicida nos habla de los dos tratamientos posibles: el Glucantine y el Milteforan.
Ventajas del Glucantine: el precio y algo más de efectividad. 
Ventajas del Milteforán: afecta algo menos al riñón y la administración es en jarabe.
Como el Glucantine se administra con dos inyecciones diarias durante un mes, nos advierte de que si no se 'pincha' adecuadamente al animal, acaban saliendo quistes y el tratamiento termina siendo una tortura para el bicho, más en un perro pequeño con poca superficie para aplicar la inyección. Básicamente por este motivo nos sugiere el Milteforán que es, eso sí, bastante más caro.
Pues nada, como aquí vamos 'sobraos', deme usted una caja de Milteforán a 102€ que no voy a estar pinchando al pobre bicho mañana y tarde durante un mes, total, si será por dinero...(snif!).
Y bueno, aquí estamos de vuelta. El Milteforán de las nasales me lo tienen que pedir y me llegará en un par de días. Mientras tanto comenzamos el tratamiento con Alopurinol 7/8 de pastillita al día -que no veáis para calcular los puñeteros 7/8- y un cirio pascual encendido a San Roque por si sirve de algo -que para mí que no, pero como el cirio lo he comprado en un chino y cuesta poco, pues probaremos-.
En cuanto tengamos el Milteforán os cuento algo más...

P.D.: por si alguien tiene curiosidad, adjunto el análisis de Atenea (Análisis 18/02/12).

lunes, 5 de marzo de 2012

Tensa espera

Esta tarde nos ha llamado el veterinario para citarnos y establecer el tratamiento de Atenea.
Por teléfono sólamente nos ha comentado que el análisis da muy positivo en parásitos (curioso, en cualquier otro contexto yo tomaría como algo bueno un muy positivo) y que al parecer el hemograma y el riñón están bien.
Mañana iremos con Atenea a la clínica para que nos dé más detalles y comenzar -supongo- el tratamiento.
Desde que sabemos hace cuatro días que la perra tiene Leishmania, le hemos encontrado nuevas 'calvas' enrojecidas tanto en la mandíbula inferior (donde pondríamos la barbilla humana) como en las orejas.
Además yo estoy convencido de que está más delgada, aunque me temo que sea obsesión mía porque también yo me veo más delgado, cosa que dudo bastante (para que os hagáis una idea, soy un muchacho joven de unos treinta y bastantes con 173cm de estatura y que arroja 93Kg en báscula).
A pesar de nuestra obsesión por verla peor, la perra está exactamente igual de juguetona y alegre, así que de momento no nos preocuparemos demasiado ... ¿o sí?.
Mañana os cuento.

Y mientras espero...¡me como el felpudo!

lunes, 27 de febrero de 2012

Los primeros síntomas

Como os he comentado ya que este blog no tendrá carácter científico/divulgativo, sólo os hablaré de los síntomas que le detectamos a Atenea y que hicieron que nuestro veterinario sospechase de una Leishmaniasis.
Imaginad: Murcia, febrero de 2012, la dueña de Atenea y esposa mía por añadidura se empeña en que lleve al perro al veterinario porque tiene unas descamaciones extrañas en los ‘codos’ (no me sé el nombre técnico de esa parte del perro, pero vamos, que se correspondería con el codo humano) y bajo la boca. Yo, sin ser veterinario tengo clarísimo que las descamaciones de los codos corresponden a encallecimientos por apoyo (al tumbarse se apoya exactamente en esa zona) y que las heridas de la boca se las produce el mismo animal con los colmillos, ya que están justo donde el colmillo le roza con el labio inferior. 
Pero vamos a ver...
¿tiene esta perra cara de tener nada malo?


Tras discutir durante un par de centésimas de segundo -cualquier hombre casado más de 10 años sabe que por higiene mental no se puede ni se debe discutir más de ese tiempo con tu mujer, y menos por un tema banal- accedo a llevar a Atenea al veterinario para que me certifique lo que yo, experto programador informático, ya he diagnosticado por mí solo.
El veterinario no hace sino confirmar mis sospechas: lo de los codos es por el apoyo y lo del labio inferior por los colmillos, pero cuando hago un comentario sin mayor intención sobre ‘...lo que tardan en cicatrizarle al perro las heridas...’ se pone absolutamente en guardia y cambia de actitud: si mientras miraba los codos estaba relajado y conteniendo de forma impecablemente profesional esa sonrisa que delataría el pensamiento de ‘éste es un primerizo y por eso viene a que le vea las descamaciones del codo...’, cuando le comento lo de la cicatrización me sugiere de inmediato que le haga a Atenea un test de Leishmania. A pesar de que yo estoy convencido de que Atenea desde que está con nosotros (18 meses) ha cicatrizado mal y que no es un problema de ahora, accedo a hacer el test ‘por si acaso’.Total, este mes me sobraba el dinero.
Tras una breve extracción de sangre y depositar unas gotas en lo que yo juraría que era un test de embarazo, me comunica con el máximo tacto y circunspecto rictus que el animal está infectado por el parásito de las narices. Toma ya, yo venía a por un champú anticaspa y me voy con un animal enfermo, una congoja importante y la previsión de unas cuantas noches sin dormir -por no hablar de unos cuantos euros menos-.
Una vez confirmado el positivo, observamos más detenidamente a Atenea y le detectamos un mínimo enrojecimiento apenas perceptible alrededor de los ojos y una úlcera en una de las patas escondida bajo el manto de pelo, todo ello producto del inicio de la enfermedad.
Concluyendo: ¿síntomas?, para mí ninguno, para mi mujer una leve descamación que pone en marcha el sentido materno-arácnido para sospechar enfermedades donde nadie más las adivina, y para el veterinario una coagulación defectuosa comentada por el dueño del animal que le lleva a diagnosticar Leishmania.
Moraleja: si vivís en una zona endémica de la Leishmania observad con lupa a vuestros animales, tratad de minimizar al máximo las picaduras de mosquito (Atenea iba siempre con su pipeta colocada, pero ningún repelente garantiza la ausencia total de picaduras) y visitad al veterinario con la más mínima anomalía que detectéis en vuestro animal. En el caso de Atenea es a día de hoy una perra absolutamente vital y juguetona, sin el más remoto síntoma de una enfermedad (salvando los ya descritos, sólo observables 'a toro pasado'), de hecho mientras escribo ésto tengo de fondo un concierto de carcajadas y ladridos que seguro que en media hora acaba con alguno de los tres intérpretes (mis hijos de 7 y 9 años más Atenea) llorando/huyendo a un rincón.

En breve debe llamarnos el veterinario con los resultados del análisis completo que mandó hacer para poder diseñar el tratamiento, ya os iremos diciendo.

jueves, 23 de febrero de 2012

El moshquito Leishmaniático

A pesar de que uno mantiene un medianamente aceptable equilibrio mental, desde que sé que la Leishmania se transmite por un mosquito, me acj.ono cada  vez que veo uno porque no puedo dejar de pensar que el amable insecto está dispuesto a cedernos graciosamente un puñado de parásitos a fondo perdido.
Avión Stealth o 'furtivo'
Bueno, pues todo el mundo 'tranquilo': el flebotomo es bastante más pequeño que el mosquito común (los 'trompeteros' de toda la vida) y encima tiene un vuelo silencioso que ríete tú de los aviones Stealth, así que como ni se ve apenas ni se oye, ojos que no ven, corazón que no siente. No os obsesionéis con los mosquitos porque los que veáis seguro que os pueden pegar cualquier cosa menos la Leishmania.
Seguro que os he dejado mucho más tranquilos. Como veis, no se puede ser más optimista.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las primeras preguntas

Cuando el veterinario te enseña el test positivo en Leishmania, las primeras preguntas que te vienen a la cabeza (al menos a mí, padre de familia con precaria economía, dos hijos pequeños y una hipoteca mayor) son:


1.- ¿Nuestros hijos corren peligro?
2.- ¿Se va a morir mi perra?
3.-
¿Vamos a tener que sacrificarla tras una dolorosa enfermedad?
4.-
(y aquí sale la parte pragmática pero inevitable) ¿Cómo vamos a conseguir, con nuestra mermada economía modelo crisis de 2010-2012, costear un tratamiento que se adivina realmente caro?


Respuesta a la pregunta 1
Esta pregunta la responde el veterinario antes de que se la formules. De hecho en cuanto te dice que el animal está infectado, lo primero que hace es asegurarte que el perro NO transmite la enfermedad, que a pesar de que la Leishmaniasis también se da en humanos, no es contagiosa de perros a humanos, es más, podemos inocularnos directamente la sangre del animal que no nos transmitiría el parásito. La Leishmania sólamente se transmite a través de un mosquito llamado flebotomo que tras picar a un animal infectado por Leishmania, incuba al parásito durante unos días hasta que se lo transmite a otro animal o humano. 
Con todos ustedes: ¡El flebotomo!
Tras escuchar al veterinario y leer posteriormente toda la información que puedes encontrar sobre el dichoso parásito y sus hazañas llegas a la conclusión de que el perro en sí no es problema y que puede vivir con niños, perfecto, pero entonces es cuando sale la vena de padre paranoico-sobreprotector: si el mosquito entra en casa, al vivir con nosotros un animal infectado, aumentará la probabilidad de que un fletotomus puñeterus pique al perro, se quede en casa a pasar unos días después pique a mi hijo, ¿no?. Nueva consulta al veterinario (perdonad la tabarra que os doy, Anselmo y María) que insiste en que no tenemos más probabilidades de infección por convivir con el perro, ya que seguro que en el barrio hay más perros con Leishmania y la probabilidad de infección en humanos es ínfima. 


Como me temo que la alternativa a convivir con el perro infectado es deshacernos de Atenea, asumimos las probabilidades ínfimas de Anselmo como un dogma de fe y decidimos olvidar el tema: nos quedamos con la perra y vamos a intentar curarla.



Respuesta a las preguntas 2 y 3.
El veterinario asegura que hoy día el tratamiento de la Leishmania ha avanzado mucho y que no tiene por qué morir. Puesto que la hemos detectado en un estado temprano de la enfermedad, las probabilidades de supervivencia y de una calidad de vida buena para el animal son muy altas.
El caso es que éste discurso se parece sospechosamente al que te sueltan cuando te detectan un tumor maligno (a mí no  me ha pasado, pero sí a familiares queridos y cercanos). Por la experiencia con el cáncer de mis familiares -de momento todos lo han superado-, asumiremos como buena la tesis de que se puede tratar y de que no morirá tras torturarla inútilmente. Seamos optimistas.



Respuesta a la pregunta 4.
Esta pregunta está, de momento, sin respuesta. Aún no sabemos cuánto cuesta el tratamiento, pero para empezar ya nos hemos dejado medio riñón en los análisis previos al diagnóstico. Desde luego que abandonar a Atenea a su suerte por una cuestión económica no es una opción, pero todo dependerá de hasta dónde nos llegue la economía familiar. Nuevamente: seamos optimistas.