Imaginad: Murcia, febrero de 2012, la dueña de Atenea y esposa mía por añadidura se empeña en que lleve al perro al veterinario porque tiene unas descamaciones extrañas en los ‘codos’ (no me sé el nombre técnico de esa parte del perro, pero vamos, que se correspondería con el codo humano) y bajo la boca. Yo, sin ser veterinario tengo clarísimo que las descamaciones de los codos corresponden a encallecimientos por apoyo (al tumbarse se apoya exactamente en esa zona) y que las heridas de la boca se las produce el mismo animal con los colmillos, ya que están justo donde el colmillo le roza con el labio inferior.
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| Pero vamos a ver... ¿tiene esta perra cara de tener nada malo? |
Tras discutir durante un par de centésimas de segundo -cualquier hombre casado más de 10 años sabe que por higiene mental no se puede ni se debe discutir más de ese tiempo con tu mujer, y menos por un tema banal- accedo a llevar a Atenea al veterinario para que me certifique lo que yo, experto programador informático, ya he diagnosticado por mí solo.
El veterinario no hace sino confirmar mis sospechas: lo de los codos es por el apoyo y lo del labio inferior por los colmillos, pero cuando hago un comentario sin mayor intención sobre ‘...lo que tardan en cicatrizarle al perro las heridas...’ se pone absolutamente en guardia y cambia de actitud: si mientras miraba los codos estaba relajado y conteniendo de forma impecablemente profesional esa sonrisa que delataría el pensamiento de ‘éste es un primerizo y por eso viene a que le vea las descamaciones del codo...’, cuando le comento lo de la cicatrización me sugiere de inmediato que le haga a Atenea un test de Leishmania. A pesar de que yo estoy convencido de que Atenea desde que está con nosotros (18 meses) ha cicatrizado mal y que no es un problema de ahora, accedo a hacer el test ‘por si acaso’.Total, este mes me sobraba el dinero.
Tras una breve extracción de sangre y depositar unas gotas en lo que yo juraría que era un test de embarazo, me comunica con el máximo tacto y circunspecto rictus que el animal está infectado por el parásito de las narices. Toma ya, yo venía a por un champú anticaspa y me voy con un animal enfermo, una congoja importante y la previsión de unas cuantas noches sin dormir -por no hablar de unos cuantos euros menos-.
Una vez confirmado el positivo, observamos más detenidamente a Atenea y le detectamos un mínimo enrojecimiento apenas perceptible alrededor de los ojos y una úlcera en una de las patas escondida bajo el manto de pelo, todo ello producto del inicio de la enfermedad.
Concluyendo: ¿síntomas?, para mí ninguno, para mi mujer una leve descamación que pone en marcha el sentido materno-arácnido para sospechar enfermedades donde nadie más las adivina, y para el veterinario una coagulación defectuosa comentada por el dueño del animal que le lleva a diagnosticar Leishmania.
Moraleja: si vivís en una zona endémica de la Leishmania observad con lupa a vuestros animales, tratad de minimizar al máximo las picaduras de mosquito (Atenea iba siempre con su pipeta colocada, pero ningún repelente garantiza la ausencia total de picaduras) y visitad al veterinario con la más mínima anomalía que detectéis en vuestro animal. En el caso de Atenea es a día de hoy una perra absolutamente vital y juguetona, sin el más remoto síntoma de una enfermedad (salvando los ya descritos, sólo observables 'a toro pasado'), de hecho mientras escribo ésto tengo de fondo un concierto de carcajadas y ladridos que seguro que en media hora acaba con alguno de los tres intérpretes (mis hijos de 7 y 9 años más Atenea) llorando/huyendo a un rincón.
En breve debe llamarnos el veterinario con los resultados del análisis completo que mandó hacer para poder diseñar el tratamiento, ya os iremos diciendo.

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